Prepararte para la despedida


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Han pasado 298 días ya. En todo este tiempo no he podido sentarme delante del ordenador a escribir esto. No por falta de tiempo, sino porque mis sentimientos aún no me permitían expresarme con las palabras que quedan aquí escritas. Hace 289 días que se marchó mi padre. El 13 de Octubre ingresó en la planta de oncología de Carlos Haya para pasar unos días después a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Civil. Hoy, 8 de Octubre, es el Día Internacional de los Cuidados Paliativos y por eso quiero, este este, mi espacio en la red, dar las gracias a todas y cada una de las personas que ayudaron a mi padre y nos ayudaron a nosotras tres, a prepararnos para la despedida. Mi padre se fue con 61 años y unas ganas de vivir de un chaval de 25. Fueron días en los que en cada momento vivimos momentos nuevos, muy duros todos ellos pero que me dejaron la experiencia de saber que es posible prepararse para morir. Fue muy difícil hacerle entender a mi padre que iba al Hospital Civil, por eso le dijimos que iba a una ” unidad de medicina interna”, ya que él sabía que allí se encontraba la Unidad de Cuidados Paliativos, de la que se entra con vida y se sale sin ella. Para una persona, en perfectas condiciones mentales, consciente en todo momento de todo, es muy duro asumir que vas allí. Recuerdo su cara cuando entramos en aquellos pasillos del Hospital Civil, y lo que me dijo ya en la habitación. ” Me habéis traído aquí para morirme, lo sé”… y yo, diciéndole que ese era el mejor lugar de todos para recuperarse lo antes posible, que la habitación era mejor que la de Carlos Haya… . La verdad es que no sabes qué decir ni como reaccionar. Lo cierto es que allí, desde el equipo de Cuidados Paliativos, nos ayudaron muchísimo a superar el trance de aquellos horribles días que precedieron a la muerte de mi padre. Con él costó un poco de más trabajo, ya que se negada a asumir la verdad de la situación, pero allí nos ayudaron a que se fuese en paz y sin darse cuenta. Tres días antes de que lo sedaran definitivamente, me dijo que tenía tanto miedo que no quería darse cuenta del fin. Y así fue, gracias a los doctores y enfermeros que lo atendieron aquellos días.

Mi agradecimiento desde aquí a todos ellos, a los que jamás olvidaré. Sin duda prepararte para morir es una tarea muy complicada, pero ellos lo consiguieron con mi padre. Un recuerdo muy especial para Manuel Franquelo, que me ayudó a mí personalmente muchísimo en esos días y que procuró que mi padre sufriese lo menos posible. Y otro abrazo inmenso desde aquí para Rosa Rojo, amiga que al haber pasado por una situación parecida, me ayudó de una manera muy especial con sus consejos y su aliento permanente. Y gracias de corazón a Juan Antonio Torres que hizo lo imposible para arrancar cada día a mi padre una sonrisa en Carlos Haya . Uno está preparado para la vida, pero saber prepararte para la muerte es, sin duda, una tarea de las más complejas que conozco.