A cambio de su niñez


 

Hoy celebramos que celebramos del Día internacional de los Derechos del Niño y de la Niña quiero dedicar mi post   a los más de 400 millones de niños y niñas que estén este momento, mientras lees este post, están siendo explotados laboral y sexualmente en en el  mundo. Ocurre desgraciadamente en muchos países, ero yo tuve la suerte de conocer la situación de miles de niños en Bolivia. Dejo aquí las historias reales de dos adolescentes de 15 y 16 años, Jorge y Rubén. Conozco la vida de muchas niñas bolivianas pero he considerado que era demasiado duro dejar aquí el testimonio de ellas. Además no sé si hubiese sido capaz de escribirlo aquí.

En la región del altiplano boliviano, al occidente del país, se encuentra Llallagua, una comunidad remota y empobrecida, compuesta en su mayoría por personas de origen indígena. Allí, una mina de estaño, que alguna vez estuvo clausurada, abre su fétida boca, para permitirles la entrada, a cientos de obreros que, sin importar la hora del día, entran a ganarse el sustento diario. Los niños no se escapan al espejismo de la mina. Infiltrados entre los obreros, a merced de sus bromas degradantes y soportando olores nauseabundos, descienden los 600 metros que los separan del corazón de la montaña. Un callejón inundado los obliga a transitar durante veinte minutos en aguas contaminadas. Allí van Rubén, un adolescente de 15 años, y su mejor amigo, Jorge, de 16.

Ellos forman parte de los jucus o mineros ilegales, que, justamente por ser ilegales, se introducen en los socavones más peligrosos, más aislados y
menos accesibles de la mina. Lejos de la mirada vigilante de los guardias tienen más posibilidades de llenar sus mochilas con las pesadas rocas que le arrebatan a la cueva, a fuerza de mazo, cincel y dinamita. Sin duda, se juegan la vida. Pero, también, según los estándares económicos del lugar, las diez o doce horas de trabajo que les lleva llenar la mochila “valen la pena”. Los cinco kilos de material que pueden cargar les dan entre 200 y 800 bolivianos dependiendo de la calidad. Mucho más de lo que ganarían haciendo cualquier otra cosa en su polvorienta comunidad.

Los jucus, por lo general, les venden el mineral sin procesar a los rescatistas y estos se encargan de venderlo a las compañías mineras a un precio muy favorable para ellos. Los rescatistas son, probablemente, los que más se benefician de la explotación de los jucus. La mina en la que trabajan estos menores es una de las minas más inhóspitas y antiguas del altiplano boliviano. Durante años estuvo a cargo de una compañía que, con maquinaria pesada, se encargó de abrir túneles y de sacar todo el estaño que pudo. Ahora trabaja en una nueva veta, y los jucus y el resto de los mineros se dedican,básicamente, a sacar los residuos que dejó la compañía.
La medianoche es la hora de los niños. La pálida luz de las lámparas que llevan en sus cascos les ilumina el camino. Uno a uno se van deslizando por las precarias escalinatas de madera que, de forma casi perpendicular, se apoyan en resbalosos salientes. Abajo, la oscuridad parece impenetrable. Los niños más pequeños y delgados tienen el cuerpo a su favor: fácilmente se escurren por los agujeros más estrechos y profundos. La palabra claustrofobia no parece estar inscrita en su mente. Quizás intuyen que pueden perder una mano, una pierna, incluso la vida; pero la certeza de que pueden llegar a un sitio no minado, rico en minerales, les impulsa a seguir adelante. Con la confianza que da la costumbre descienden sin tropezar la frágil escalerilla. Armados de mazo y cincel, caen en una amplia galería subterránea, y comienzan, con laboriosa paciencia, a darle dentelladas a la piedra. Lentamente van mascando las hojas de coca que llevan en la boca para extraer su jugo estimulante. La altura y el frío serán más llevaderos, y podrán respirar mejor el enrarecido y maloliente aire de la mina. Una explosión sacude la galería y una bocanada de pólvora alcanza a los niños. Algunas explosiones los tiran al suelo. Se miran un instante, se encogen de hombros y reanudan su labor.
Rubén trabaja como jucu desde hace dos años. Sus hermanos mayores también son mineros, pero lo hacen de manera legal. La tarjeta de identificación que llevan consigo, les permite trabajar tranquilamente, sin temor a ser interceptados por uno de los guardias de la mina, que lo que más desean es confiscar las mochilas, los cascos y las ropas de cualquier jucu que caiga en sus manos. La mina es un lugar temible, un lugar que exuda sufrimiento, opresión y muerte. Muchos mineros llevan en sus cabezas turbantes adornados con una calavera, como señal de aceptación del riesgo que corren. La mayoría no vivirá más allá de los 40 años, y caerá presa del “mal de mina”, enfermedad que les petrifica los pulmones, por la exposición al polvo y los gases tóxicos. Cada día, entre dos y tres mineros mueren o sufren algún tipo de herida al caerse de una escalera o al resbalar de una cornisa. Algunos caen en socavones tan profundos que es imposible recuperar el cuerpo. De todas maneras, está prohibido sacar a los que caen porque se considera que son ofrenda para el tío, él ha reclamado esa vida y no se la puede tocar.
Las mujeres y las niñas también se infiltran de manera ilegal en la mina. Algunas siguen el ejemplo de sus maridos, dar la vida por la subsistencia; otras, en su mayoría menores de 20 años, ofrecen favores sexuales a cambio de un puñado de estaño.
Jorge, al igual que Rubén, elige no ver lo peligros de la mina, al menos por ahora. Sueña con comprar ropa bonita, ir al cine y divertirse con los amigos. Una sonrisa generosa le ilumina el rostro y, en su cabeza, un mechón de pelo teñido de rubio declara que está al día con la moda. Está feliz de poder ganar suficiente dinero para comprar sus materiales escolares, y espera encontrar un trabajo diferente cuando termine la secundaria. Por el momento, dice, su mayor miedo es resbalarse en un socavón y perderse para siempre.
 Dejo aquí el testimonio de Rubén y Jorge. Ellos son dos de los 400 millones de niños que viven esta situación en el mundo.

Rubén: Yo entré a trabajar en la mina a los 13 años. Mi hermano trabajaba allí y me dijo: “Vamos, acompáñame… Yo voy contigo, no vas a ir solito”. Al principio, yo no quería ir, pero él me dijo que iba a ganar mucho dinero. La primera vez me pareció bien, nomás sentí un poco de miedo.

Jorge: ¡Claro que se siente miedo! Porque es muy oscuro y la gente habla tonteras. Los trabajadores se burlan de uno, hacen bromas pesadas. Dicen cosas como “Se van a morir aquí…” O te pegan en la espalda y te dicen, “Vas a ver, te voy a quitar a tu novia…”

Rubén: A mí ya no me da miedo, antes sí.

David: Yo conozco a varios jucus. En Llallagua hay hartos (muchos). Yo creo que se puede trabajar y estudiar.

Rubén: ¡Sí, sí se puede! Jorge: En mi escuela hay otros que van a trabajar a la mina. Uno está en último año de la secundaria y el otro en segundo medio (décimo año). Nosotros vamos por falta de dinero. A veces no tenemos suficiente para comprar los útiles; los libros y eso. Además, vemos que en la ciudad la gente se viste con ropa cara y nosotros queremos vestirnos así. En la mina a veces hacemos 500 bolivianos, a veces 1000, si es que no nos agarra el guardia.

Rubén: ¡Ah, sí! Si te agarra el guardia, te lo quita todo. ¡Hasta la ropa! El casco… toda la carga. Hay que comprar otra ropa para entrar.

Jorge: Sí, andan armados, y te quitan todo, hasta dejarte “como un agujero”. Yo puedo cargar hasta 50 libras de material, pero para esto tengo que poner cuatro cargas de dinamita. Un día habíamos trabajado mucho y estábamos subiendo, como a las dos de la mañana, porque a esa hora no hay guardias, cuando, de repente, chocamos con ellos. “Tranquilo”, me dijeron. “Dame nomás tu carga”, y ¡zaz!, se la llevaron.

Rubén: Los que tienen carné (las personas legalmente afiliadas a una cooperativa de explotación minera) trabajan tranquilos, y nos odian por ser jucus. Pero es difícil conseguir carné.

Jorge: A veces vamos a la mina en la mañana y salimos en la noche. Otras, entramos de noche y salimos en la madrugada. Los guardias no dicen nada cuando nos ven entrar. Solo se sientan a esperar a que salgamos para arrebatarnos la carga y hacer ellos el negocio. Rubén: Sí, ¡y uno no puede decir nada! Es duro este trabajo. Bueno, lo más difícil es el tiempo que se tarda en entrar y salir de la mina. A veces nos quedamos a dormir adentro, bien abrazados, para que no nos dé “mal de panza”1… por el Tío (el diablo de la mina).

Jorge: Antes de entrar en la mina hay que comer harto (mucho) y acullicar (masticar las hojas de coca manteniéndolas en la boca para extraerles el jugo). Si no, no aguantas, te da sueño. También llevamos comida, refresco y empanadas.

Rubén: Cuando estamos adentro, lo primero es hacer un toqochi (un agujero) con un mazo y un cincel. Allí colocamos la dinamita; después hay que salir corriendo, sino el humo te agarra y te enferma. Tiene un olor muy feo y te “tira abajo”. Hay que esperar veinte minutos y después volver. Lo grave es sacar el mineral. Hay que hacerlo rápido, y, si viene un guardia, hay que meterse en cualquier hueco. El jucu es como un ratón.

Jorge: Si te caes en la mina, nadie te saca, te mueres, no más.

Rubén: Yo quisiera tener carné, así, si me accidento, los otros me pueden ayudar. Nosotros tenemos que salir por lugares que nadie va… muy peligrosos. Lo mejor es no andar solo, porque hay maleantes y otras cosas. Hasta guardias que matan a los jucus.

Jorge: Hay chicas que también entran cada día. Y se puede hablar con ellas. Rubén: Les pagan con un puñado de estaño que puede valer 50 ó 60 bolivianos.

Jorge: Hay de todas las edades, pero la mayoría son de 18.

Rubén: Cuando tenemos sueño, dormimos bien juntos para protegernos. Jorge: Sí, si no, el diablo hace que te dé “mal de estómago”.

Rubén: También hay espíritus.

Jorge: Un día yo estaba trabajando y tuve que pegarme a la pared porque estaba pasando un espíritu. Pero nosotros creemos en Dios.

Rubén: Sí, también vamos a la iglesia. Dios nos protege.

Jorge: Pero nos da miedo. Algunas chicas intercambian favores sexuales por mineral, pero la mayoría son jucus, como los muchachos. Algunas son hijas de mineros que murieron prematuramente, por un accidente o por enfermedad, y la familia hace lo que puede por sobrevivir. Entre unos 60 y unos 120 dólares estadounidenses a abril 2009.

 

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8 comentarios sobre “A cambio de su niñez

  1. Que perro mundo…esto que cuentas es así en muchos lugares y en todo momento….y las soluciones o las mejoras no llegan pq en realidad, aquí vivimos nuestra vida, intentamos poner nuestro granito de arena…pero somos muy hipócritas…siento ser tan franca…pero es que cuando oyes, ves, lees la realidad de tantos menores…sí, el corazón se te encoje, piensas muchas cosas…pero después cambiamos y revindicamos poquito, demasiado poco…que tal un solo regalo de reyes para tod@s nuestr@s hij@s y el resto del dinero a solidaridad? Pues surgirán muchas excusas que ya he oído muchas veces: el dinero se lo quedan por el camino…, eso no resuelve nada…., después las ayudas no fucionan…, eso es asunto de los gobiernos…. Y en todas habrá seguramente algo de razón…pero sobre todo está nuestros miedos a compartir de verdad…por supuesto esto del dinero de los regalos es un ejemplo,pq esta claro que no hay que repartir peces sino cañas de pescar…pero…de verdad estamos dispuest@s a sacrificar algo en este 1er mundo? Mariví…tu ves espíritu solidario anónimo? gente que quiera desprenderse de algo para que otro tenga algo más? las hay, sí, pero son demasiado pocas…lo que si hay es mucha demagogía…y no voy a excluirme, mi crítica tb es autocrítica…A mi hija le desbordan los juguetes, y te aseguro q tiene pocos en comparación a lo que veo por ahí…pero…seguirá acumulando más de lo que debiera…y yo su madre, tan sensibilizada, haré esfuerzos por ser mas coherente, pero es dificil luchar siempre contra lo que la sociedad te intenta imponer….un besito…y bueno a seguir intentando unir muchos granitos…

  2. Que ningún niño del mundo tenga que trabajar o ir a la guerra. Sé que es una utopía, pero hay que pedir las estrellas, como nos enseñó mayo del 68.

  3. Ademas de cruel, denigrante, inhumano, debemos presenciar como nuestros gobernantes, se codean, se estrechan las manos, se intercambian sonrisas y besos, visitas oficiales, fotos para el album ; con los gobernantes de esos paises en los cuales los derechos humanos brillan por su ausencia, en especial los derechos de los niños, nuestro futuro y mayor tesoro.
    Un cordial abrazo y sigue en la misma linea Marivi.

  4. Marivi, estremecedor el relato que narras, pienso que una vivencia así debe marcar. Siempre he estado en contra de todo tipo de explotación a los menores……….…..
    Es incomprensible, en el siglo que estamos sigan pasando estas cosas. La sensibilidad de los mayores se ha perdido, como tantas otras cosas. En la sociedad del primer mundo, también existe algo, que para mí es explotación, aunque sea entre comillas, nada comparable a lo que tú cuentas, pero también, los menores son utilizados, quizás por capricho y satisfacción de sus familiares más directos, esos niños que salen en programas de televisión, en concurso, en exclusivas, mendigando……….….En el fondo pienso que es una frustración de los padres, algo que ellos, le gustaría hacer y como no pueden, entonces, meten a sus hijos en esos entresijos. Los niño/as tienen que vivir su niñez, como lo que son niños, crecer como niños, jugar como niños, madurar como niños…………porque la niñez, como cualquier etapa de la vida, sólo se vive una vez.

  5. No hace falta ir a otros paises, en España tambien hay abusos, y son en centros de acogida de menores, yo estuve alli y fue terrible abusos, sexuales, y no era un correccional, por venganza de los perros socialistas me metieron alli, y a mis hermanitos pequeños, por venganza, por mi padre defender, la legalidad y quitar del medio la alcaldia a IU, y alli se ve de todo, y maltratos, si supieran los padres en que lugar estan metidos sus hijos, pero como estas Nazis asistentas sociales nadie las investiga asi hacen de las suyas, solo hay que ver lo que paso en el centro materno infantil de oviedo, investigado por fiscalia de menores, y sale en google, y nadie mira por esos niños, y mirais para afuera tambien para casa, y que me deciis de los niños Giitanos, y demas niños, España es el peor sitio para los menores, drogas, alcohol, total el Gobierno no lo explota, pero los mata en silencio con drogas, un saludo,

  6. Estos comentarios son “esteticamente” correstos pero una concienciación plena no tenemos. Aunque estemos en una o dos asociaciones no llegamos a aportar lo que deberiamos. Por ejemplo yo me acabo de comprar un tv de plasma funcionando aun la que tenia de hace 6 años…al igual que tu no te quitas tus copitas en los bares de reding o pries.

    Creo que es mejor que hagamos las buenas acciones sin alardear porque siempre dejamos de hacer más de lo que hacemos.

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