Demasiados contrastes


 

Llevo varios días sin escribir por la vorágine de la Feria. Estamos viviendo la Feria un año más. Será ésta la Feria número treintaiseis que viva y la décima desde mi responsabilidad municipal. Durante casi diez días viviremos en una ciudad que se transforma y se convierte en un lugar donde el encuentro, la diversión y la evasión toman las calles del centro histórico, llenan las casetas del Cortijo de Torres y los tendíos de La Malagueta. Para el que la puede disfrutar cuando quiere y como quiere es, sin duda, una de las mejores fiestas de España, pero para el que tiene que trabajar como es mi caso se hace un poco larga. Dicho ésto tengo que decir también que los mejores momentos, los más emotivos, los más ilusionantes e inolvidables de mis últimos diez años los he vivido en El Rengue, ese lugar diseñado exclusivamente para que las personas mayores que no pueden acudir a la Feria de otro modo, lo hagan y puedan disfrutar también de unos momentos de diversión después de lo mucho trabajado durante toda una vida. Esos momentos me dan mucha fuerza para seguir adelante durante el resto del año.

Y esta Feria es para mí una Feria de contrastes. Compagino los actos de Feria con las visitas al hospital. Demasiados contrastes. A veces me cuesta cambiar de registro tan rápido. Como dice un amigo mío que decía su abuela, nunca sabemos hasta donde somos capaces de aguantar. Hoy estoy feliz porque me confirman que las personas que me importan que están en el hospital van saliendo adelante, poco a poco, cada uno con unas expectativas diferentes, pero están saliendo adelante. Hoy sonreía la doctora canaria que me tiene cautivada porque es dura y dulce a la vez. Hoy esa gran madre se seca ya las lágrimas (¿de dónde habrá sacado tantas?) para suspirar y asimilar que ahora toca luchar. Y sé que ha sido, es y será la pieza clave que le dará a ella más fuerzas que nadie para salir. Hoy también sé que saldrá, que será todo lento, pero seguro. Hoy ese ángel que voló desde México para estar cerca de ella tenía otra mirada y desprendía más luz. Y hoy ella tenía mucha más fuerza, me apretaba más fuerte la mano y me dijo que me quería al despedirse de mí. Ah! Y me volvió a pedir un polo de limón.

Hoy una de las personas que participó en mi creación está un poco más sereno porque tendrá un tratamiento y sabe que tiene también que colaborar para que todo salga bien. Hoy me di cuenta también de que la Filipina es también mi amiga porque noté su cara de ilusión y de cariño cuando le dije que poco a poco salíamos adelante. La Filipina es de esas personas que conoces un día y te marca, te cautiva con esa mirada azul y ese saber estar que deja a siete personas sin palabras mientras rellena una hoja de reclamación con una elegancia y una educación exquisita. Está claro que en Mariano han cambiado muchas cosas, pero han perdido lo más importante que era un símbolo del propio Mariano que se marchó y dejó sólo su nombre. Hoy termino este post, tras una noche en la que he vivido una experiencia personal inolvidable, con muchos contrastes, mientras escucho y veo de reojo mientras escribo las imágenes de la tragedia en Barajas. Y escucho a una abuela que desde Las Palmas explica que en el avión viajaban dos de sus hijas y su nieto de un año y de fondo el murmullo de los jóvenes que disfrutan de una tarde más de feria en la Plaza del Teatro Cervantes. Demasiados contrastes.

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