El misterio de la vida


 

 

Bueno, pues ya conozco a Rubén, mi nuevo sobrino. Fue alrededor de las 16:30 cuando lo subieron a la 5ª planta del Hospital Materno Infantil. Antes estuve con su mama, mi hermana menor, que lo primero que hizo al llegar fue comer. Estaba muerta de hambre después de la gran hazaña. Ha sido un parto corto pero muy intenso y doloroso. No llegaron a tiempo para ponerle la epidural porque dilató de 4 a 8 cm en tan sólo 15 minutos. Y con esa cara de inmensa paz que tenemos justo después de parir las madres, me ha contado con todo lujo de detalles el alumbramiento. Ella es mucho más dura que yo. Y más brusca en todos los aspectos lo que hace que su relato tenga más valor para mí. Y con esa mirada tierna y esa cara aún hinchada ha devorado un plato de arroz blanco con carne de ternera que le trajo la simpática enfermera. “Un caldo de puchero con gallina hay que tomar justo después de parir”, decía mi abuela. “Y un papelón de jamón serrano del bueno”, ya que a casi todas nos lo prohiben durante el embarazo.

Yo, mientras esperabamos a Rubén, he investigado un poco y he ido al control de la planta a ver la documentación de mi sobrino. 2.750 gramos y 49 cms vino al mundo a las 13.55 horas del día de hoy. Vuelvo a la habitación y esperamos. Mi madre, la ilusionada abuela, está desesperada y deseando abrazar ya al pequeño Rubén. Mi hermana pequeña, Ángela, muy nerviosa pues es este el primer sobrino que ve al nacer, ya que cuando nació mi hijo e Iván, el primogénito de la que hoy dió a luz, ella estaba trabajando en Liverpool. Así que allí estábamos las cuatro esperando a Rubén cuando yo me salí al pasillo y ví a una enfermera entera vestida de verde con un bebé en brazos. Corrí hacia ella para saber si ese era Rubén. Y al ir acercándome me di cuenta rápidamente que era él. Llevaba un gorrito de algodón con su nombre escrito y, además, tiene la boca y la barbilla picuda de mi hermana. Inconfundible. Así he conocido a Rubén. Luego mis lágrimas de emoción cuando lo he tenido entre mis brazos. Es algo que jamás se olvida. La cara de mi madre, que se transforma y parece que lleva toda la vida ejerciendo de abuela y mi hermana, la mamá, con esos ojos tan grandes que derrochaban hoy paz, dulzura y vida, mucha vida. Y desde hoy un miembro más de la familia. Tres niños ya, y nosotras somos tres hermanas. Y mi madre diciendo: “mejor que sean niños, así sufren menos en la vida”. El comentario es bastante duro, pero lo hace porque ella lo ha tenido todo siempre muy difícil. Pero desde hoy, el misterio de la vida le regaló a Rubén y hoy mi madre estaba inmensamente feliz. Yo por eso pienso que todo tiene su recompensa. Para ella, que tanto ha luchado y ha sufrido para sacarnos adelante a las tres, Rubén ha sido la mejor recompensa que haya podido tener.

Como anécdota contaré cómo mis hermanas y mi madre trataban de robarme mi cámara de fotos y yo no sabía que interés les podía mover. Querían cotillear un poco y lo consiguieron. “Que guapo es, tiene cara de buena persona y de inteligente” dicen, mientras ven las fotos de mi cámara. La verdad es que llevan toda la razón. Lo es.

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Un comentario sobre “El misterio de la vida

  1. Hola: me parece muy bien tu postura sobre el maltrato a las mujeres, el feminismo, el bienestar social, etc. pero ¿cuál es tu opinión sobre el ABORTO? ¿Puedes dedicar un dia tu blog al asesinato de un ser humano indefenso? Me gustaría saber tu opinión. Muchas gracias.

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